Educación Emocional

 

La emoción de educar

Salovey y Mayer fueron los primeros en definir la inteligencia emocional como “un subconjunto de la inteligencia social que comprende la capacidad de controlar los sentimientos y emociones propios así como los de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar esta información para guiar nuestro pensamiento y nuestras acciones.

 
 
 

La inteligencia emocional consiste en:

Conciencia emocional: El principio de Sócrates "conócete a ti mismo" se refiere a esta pieza clave de la inteligencia emocional: tener conciencia de las propias emociones; reconocer un sentimiento en el momento en que ocurre. Una incapacidad en este sentido nos deja a merced de las emociones incontroladas.



Regulación emocional: La habilidad para manejar los propios sentimientos a fin de que se expresen de forma apropiada se fundamenta en la toma de conciencia de las propias emociones. La habilidad para suavizar expresiones de ira, furia o irritabilidad es fundamental en las relaciones interpersonales.



Autoestima: Una emoción tiende a impulsar hacia una acción. Por eso, emoción y motivación están íntimamente interrelacionados. Encaminar las emociones, y la motivación consecuente, hacia el logro de objetivos es esencial para prestar atención, automotivarse, manejarse y realizar actividades creativas. El autocontrol emocional conlleva a demorar gratificaciones y dominar la impulsividad, lo cual suele estar presente en el logro de muchos objetivos. Las personas que poseen estas habilidades tienden a ser más productivas y efectivas en las actividades que emprenden.


Habilidades socio-emocionales: Un don de gentes fundamental es la empatía, la cual se basa en el conocimiento de las propias emociones. La empatía es la base del altruismo. Las personas empáticas sintonizan mejor con las sutiles señales que indican lo que los demás necesitan o desean. Esto las hace apropiadas para las profesiones de la ayuda y servicios en sentido amplio (profesores, orientadores, pedagogos, psicólogos, psicopedagogos, médicos, abogados, expertos en ventas, etc.).


Habilidades para la vida y el bienestar: El arte de establecer buenas relaciones con los demás es, en gran medida, la habilidad de manejar las emociones de los demás. La competencia social y las habilidades que conlleva, son la base del liderazgo, popularidad y eficiencia interpersonal. Las personas que dominan estas habilidades sociales son capaces de interactuar de forma suave y efectiva con los demás.







En Colegio San Cristóbal creemos esencial desarrollar la inteligencia emocional desde los primeros años de vida. Resulta prioritario tomar conciencia de nuestras emociones y comprender los sentimientos de los demás con el fin de poder crecer y desarrollarnos como personas. 

Desde los primeros años de Educación Infantil trabajamos los sentimientos y las emociones de nuestros alumnos a través de cuentos, videos, fichas y actividades que reflejan diferentes situaciones, emociones y sentimientos.

En Primaria hemos implantado un programa específico de educación emocional para la enseñanza sistemática de la inteligencia emocional en el aula.

En la etapa de Educación Secundaria se establecen actividades específicas dentro del curriculo con el fin de aprender a gestionar la vida, hacer frente a conflictos, regular las emociones y pensar críticamente.

 

Beneficios de la Educación Emocional

INTRAPERSONAL


Desarrollo de la autoconciencia emocional

Aumentan su capacidad para reconocer y poner nombre a las diferentes emociones.

Comprenden mejor las causas de los sentimientos.

Aprenden a reconocer la diferencia entre sentimientos y acciones.

 

Aprendizaje sobre gestión de las emociones

Adquieren una mayor tolerancia ante la frustración.

Mejoran su manejo de la ira: descienden las agresiones verbales y las peleas.

Aprenden a expresar su enfado sin violencia.

Se sienten menos solos, ansiosos o estresados.

Desarrollan una mayor responsabilidad y sentimiento positivo sobre sí mismos.


INTERPERSONAL


Comprensión de las emociones de los otros (empatizar)

Mejora su capacidad para comprender el punto de vista de otra persona.

Desarrollan una mayor capacidad de escucha y sensibilidad hacia los otros.

 

Mejoras en las habilidades de relaciones con los demás

Mejora su capacidad para analizar y comprender las relaciones.

Resuelven mejor los conflictos.

Aprenden a negociar y a comunicarse mejor.

Se incrementa la calidad de la relación con los otros.

Desarrollan el valor de la amistad y el compromiso.

Son más participativos, democráticos y solidarios. 

 
 
 

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