Claves para ayudar a tu hijo a superar el miedo al agua

El miedo al agua es muy común entre los pequeños, especialmente si es su primera vez

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A tu hijo/hija de 2 años le encanta la hora del baño, se relaja en la bañera y disfruta entreteniéndose con sus juguetes de agua, pero ha llegado el verano, habéis ido a la playa o la piscina y, de repente, tu pequeño no se atreve a meter un pie en el agua.

El miedo al agua es muy común entre los bebés o niños pequeños, especialmente, si es su primera vez. Debemos tener en cuenta que cuando son muy pequeños no tienen la conciencia del agua como algo a lo que hay que temer, pero conforme van haciéndose un poquito más mayores, en torno a los 2-3 años de edad, esa sensación puede aparecer.
 

Como padres, no hay que preocuparse excesivamente por esto, sino hacer todo lo que esté en nuestras manos porque el pequeño vaya entrando en contacto con el agua de forma progresiva y sin presiones.
 

Según los expertos, los motivos por los que un niño puede desarrollar rechazo al agua son:

- El miedo a lo desconocido

- Una mala experiencia vivida en primera persona o motivada por su propia imaginación al ver dibujos animados, por ejemplo.

 

Claves para que tu hijo disfrute en el agua
 

  1. Cuanto antes mejor. Es recomendable que tu pequeño tome contacto con este medio en playas o piscinas antes de los 4 años de edad, incluso hay expertos que afirman que la edad recomendable es en torno a los 6 meses de edad. Lo importante es que lo hagan de forma natural y progresiva, respetando las etapas evolutivas de cada niño y nunca de manera obligada.

  2. Que lo hagan de forma lúdica. Aquí, el juego es nuestro aliado. Podemos empezar en una pequeña piscina o en la orilla de la playa. Si el niño se divierte, será una motivación suficiente para animarlos a tener contacto con el agua.

  3. No evitar la situación. Si el miedo se convierte realmente en un problema, debemos afrontarlo y ayudarles a superarlo. Evitando meter a nuestro hijo al agua, solo estamos solucionando el problema a corto plazo, pero mantendrán ese miedo a medio y largo plazo.

  4. Los niños ven a los padres como un referente. Si nosotros participamos de la actividad y disfrutamos del agua, ellos lo intentarán con mayor facilidad y curiosidad.

  5. Ofrecerle seguridad. Al principio, es necesario que el niño se sienta seguro. Por ello, debemos acompañarlos durante todo el tiempo, utilizar elementos de seguridad como por ejemplo un flotador o incluso bañarse en superficies con pocos centímetros de agua donde el niño haga pie.

  6. Evitar los sustos. Esto significa estar pendiente en todo momento y evitar que el niño se caiga en áreas profundas, que trague agua, etc. Si el niño se asusta hará que tenga mayores dificultades para volver a entrar en el agua.

  7. Al principio, los baños deben ser cortos y debemos dejar que sea el propio niño quien elija cuándo quiere salir del agua sin obligarle a permanecer en ella más tiempo del que desee.

  8. No presionando al niño para que se meta en la playa o la piscina o meta la cabeza debajo del agua, por ejemplo. Poco a poco, él irá sintiendo curiosidad por sí mismo y lo hará sin que se lo pidamos. Solo es cuestión de tiempo y de práctica.
     

Es muy importante tener paciencia y respetar los tiempos de cada niño. Además, debemos entender que el miedo no es algo negativo y saber que los pequeños detectan el peligro de forma natural, es buena señal. Lo único que debemos tener en cuenta es que esa reacción natural no se convierta en un problema más grave a largo plazo. Por lo demás, calma, tu hijo marcará su propio ritmo.

 

Joana Casas

 

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