Cómo aplicar técnicas de programación neurolingüística en casa

¿Qué es la programación neurolingüística o PNL? Explicado de una forma sencilla, la PNL engloba una serie de técnicas, basadas en el lenguaje, destinadas a controlar en cierta medida nuestros pensamientos y nuestro lenguaje.

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Porque, en parte, somos lo que decimos. O actuamos como hablamos. Por ejemplo, si yo acostumbro a decir “soy un desastre, todo lo hago mal” (aunque realmente no todo lo hago mal) estoy adelantándome a mis acciones y disculpándome de antemano por mis errores. Porque ya me he puesto la etiqueta de “desastre” y, además, me la creo y las demás personas también.

El objetivo último de aplicación de técnicas de PNL es programar nuestro cerebro para adquirir patrones de conducta positivos, pero ¿cómo podemos ayudar a las y los más pequeños a hacerlo?
 

El poder de las palabras
 

  • Hablar de forma positiva. Si aceptamos la teoría de que el lenguaje moldea el cerebro, es muy importante cuidar qué decimos, cómo lo decimos y en qué situaciones. Desde que nace el bebé, e incluso antes, hablamos con él o ella, habitualmente de forma cariñosa. Pero hay ocasiones que se nos olvidan esas palabras de amor y que nos enfadamos.

Aunque resulte complicado, es importante entrenarnos para gestionar ese enfado o frustración y no traducirlo en palabras negativas cuando no nos deja dormir, no quiere comer, no estudia, no nos hace caso, llega tarde a casa…

Somos las y los responsables de su correcto desarrollo desde el primer momento, por lo que debemos preocuparnos tanto de su bienestar físico como el emocional. Y una de las herramientas para conseguirlo es el lenguaje, el verbal y no verbal. Expresar los sentimientos positivos y nuestro amor, hacerle una caricia o darle un beso es básico para que su mente comience a desarrollarse en un entorno sano.
 

  • “Eres”. Hace años, uno de mis primos pequeños siempre se portaba mal. Gritaba, rompía, mordía… Siempre que quería algo, intentaba conseguirlo de esa forma. Cuando alguien le preguntaba “Daniel, ¿porque haces eso?”, él tenía la respuesta preparada: “Porque soy malo”. Sencillamente, repetía la consigna que le habían dicho, actuaba según se esperaba de él.

Hay que ser muy cuidadosos con lo que repetimos a las y los más pequeños. El verbo ser define sus actuaciones y su comportamiento futuro, le obliga a actuar de una determinada forma.

Está claro que las y los niños a veces se portan mal (y las personas adultas también). Pero entre el “eres malo porque no comportes tus juguetes” y “te has comportado mal, pero la próxima vez dejarás que Laura juegue con tu coche” hay un abismo. La primera frase define, la segunda aclara que se ha tratado de una actitud puntual que no se repetirá en el futuro. Y poco a poco, quizás en la siguiente ocasión, irá cambiando su comportamiento.
 

  • Puedes. “Tú puedes aprobar”, “tú puedes superar esto”… Este verbo tiene un gran poder. No se trata de engañar a nuestro hijo diciéndole que puede conseguir todo lo que se proponga, porque le estaríamos engañando, sino de darle ánimos para dirigir sus esfuerzos hacia un objetivo concreto.

Para emplear el “tú puedes” de una forma realista, a medida que va creciendo es necesario que aprenda a conocerse, analizando en familia cuáles son sus debilidades y qué acciones es preciso emprender para minimizarlas. El autoconocimiento es un gran paso hacia la superación personal.
 

  • ¿Cómo decir NO? No siempre es posible obtener lo que se desea y, de hecho, no sería positivo para el desarrollo de las  y los pequeños que así fuera. Pero hay muchas formas de expresar una negativa.

La más adecuada consiste en explicar su porqué. Por ejemplo: “Ahora dejaremos de jugar porque es la hora del baño y la cena” ofrece un argumento a “no podemos seguir jugando”. Poco a poco, con paciencia, irá comprendiendo que hay un momento para cada actividad, y que no puede hacer siempre lo que desea.

 

Para finalizar, un último consejo. La comunicación no se basa solo en palabras. Cómo decimos algo, con qué gestos acompañamos nuestro discurso y cómo nos comportamos tienen más poder que las propias palabras. Por tanto, debemos que cuidar los aspectos no verbales para no desmentir lo que decimos y que realmente tengan poder.

 

Mónica Suárez @monicasua

 

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