Cómo aprender a aprender

Las interacciones con nuestro entorno y con quienes nos rodean nos estimulan.

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Aprendemos sin querer

Aprendemos queramos o no queramos. Cada experiencia es una lección por lo que un entorno enriquecido aumenta nuestra capacidad de aprendizaje. Es ahí donde los padres podemos influir positivamente en el desarrollo de nuestros hijos. No hace falta hacer nada extraordinario. Simplemente, necesitamos tiempo, atención y ganas de disfrutar. Con un pequeño esfuerzo, la recompensa será muy gratificante.

 

La escuela de la vida

Existe un aprendizaje formal que es aquel que nuestros hijos reciben en el colegio, donde adquieren los contenidos curriculares estipulados por la legislación repartidos por áreas e impartidas por el profesor. Por otra parte, hay un aprendizaje informal que es el que tiene lugar durante la práctica de las actividades extraescolares que complementan al anterior. Finalmente, está aprendizaje no formal que es el que ocurre en casa, en el parque, jugando con los amigos, conviviendo con los abuelos... Desde este ámbito familiar podemos ayudar a nuestros hijos a aprender fomentando su autonomía y generando en ellos un interés por aprender.

 

Dejad que se equivoquen

La autonomía se fomenta dejándoles hacer. No les hacemos ningún favor si nos sentamos con ellos a hacer los deberes o les resolvemos los problemas antes incluso de que ocurran. Han de intentarlo por ellos mismos. Si siempre les solucionamos la papeleta, siempre serán dependientes. Necesitarán a una persona que medie entre ellos y el mundo. Y esa persona no siempre podremos ser nosotros, quienes velamos por su interés y bienestar. Hay que entender que el error es una fuente de aprendizaje. Acompañémosles, guiémosles, aconsejémosles, pero dejemos que se equivoquen para que aprendan.

 

Sed curiosos

El interés por aprender se puede generar siendo modelos. Demostrando que nos interesa lo que han aprendido en el colegio, o cómo han descubierto algún juego o una canción de un grupo favorito. Siendo curiosos. No penalicéis sus preguntas. Felicitadlos por ser perspicaces. Al mismo tiempo, que os vean dudar y cómo buscáis respuestas. Es imposible saberlo todo y de todo pero sí podemos aprender a aprender.

 

Leed con ellos

La lectura es la contraseña de acceso a un mundo de conocimiento.  Su dominio es determinante para el éxito escolar. La mejor manera de promover el placer por la lectura de los más pequeños es con el ejemplo. Si nos ven leer, ellos también lo harán. Leamos juntos convirtiendo la lectura en un acto familiar. Podemos pedir consejo sobre títulos interesantes a sus profesores, en las librerías o bibliotecas, haciendo propuestas a nuestros hijos que después ellos elegirán libremente. Interesarnos por sus personajes y géneros favoritos les animará a seguir leyendo por gusto.  Para ayudar a fomentar un hábito lector en nuestros hijos es conveniente buscar un espacio y un tiempo diario dedicado a la lectura, como por ejemplo, un cuento antes de ir a dormir. Ha de ser una lectura calmada, sin prisas ni distracciones. Leer con ellos por placer hará que sientan los libros como algo próximo y familiar. Seguro que los pequeños que hoy se divierten escuchando cuentos serán buenos lectores de mayores.

 

Doble recompensa

La puesta en marcha de estos consejos no sólo les ayudará a aprender mejor sino que mejorará el clima y la comunicación familiar. Mientras estimulamos a nuestros hijos vamos creando lazos con ellos, estableciendo canales de comunicación que nos serán muy útiles en la etapa crítica de la adolescencia. Si queremos que nuestros hijos nos cuenten qué les pasa cuando llegue a esa edad, antes debemos de haber sabido crear el hábito desde pequeños.

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