Estimulación temprana en niños de 0 a 6 años

Durante la primera infancia el desarrollo biológico y cerebral es fundamental y este se ve influido por la estimulación que recibe del entorno

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Durante los primeros cinco años de vida es cuando el cerebro crece más. Durante este tiempo, los cerebros de los niños son como esponjas que todo lo absorben y su capacidad para aprender es infinita.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), muchos problemas que sufren los adultos como pueden ser problemas de salud mental, obesidad, cardiopatías u otros relacionados con la delincuencia, tienen su origen en la primera infancia.

Es en esta primera infancia cuando el desarrollo biológico y cerebral es fundamental y este se ve influido por la estimulación que recibe de su entorno. En este sentido, la OMS también advierte de que esta estimulación debe ir acompañada de afecto, el niño debe contar con un cuidador habitual con el que establecer un vínculo afectivo. Por ello, que el niño crezca en un entorno saludable, con unos estímulos ambientales adecuados, permitirá mejorar su proceso de aprendizaje y potenciar su desarrollo físico, psicológico y social.

Los seres humanos aprendemos interactuando con los diferentes estímulos que nos rodean. Para ello, la estimulación temprana se entiende como aquellos medios, técnicas o actividades con base científica y que, aplicada de forma sistemática en los niños desde su nacimiento hasta aproximadamente los 6 años de edad, trata de desarrollar al máximo sus capacidades cognitivas, físicas, emocionales y sociales
 

¿Qué hábitos inciden en el desarrollo cerebral del niño?
 

  El juego. Jugar es esencial para el aprendizaje y bienestar de un niño y si es al aire libre, muchísimo mejor. Todos los niños deberían dedicar al menos una hora y media diaria a jugar. El juego es una actividad innata que permite a los más pequeños aprender al tiempo que se divierten y se relacionan con el entorno.

  Hablar mucho con ellos, incluso cuando ellos no saben hacerlo. Comparte con ellos canciones, hazles preguntas, hablar es la mejor estrategia para desarrollar habilidades cognitivas.

  La alimentación. Una dieta no equilibrada impacta de forma negativa en el desarrollo cerebral y en el sistema nervioso de un niño. Desde que comienza a introducirse la alimentación complementaria, es muy importante ir introduciendo progresivamente alimentos sólidos y variados que cubran todas las necesidades nutricionales del pequeño.

  El deporte. Al igual que el juego, implica actividad física, algo fundamental para el desarrollo cognitivo. Además, la frecuencia e intensidad con la que se practica un deporte, producen modificaciones a nivel cerebral que contribuyen al desarrollo cerebral, al tiempo que produce una disminución de los niveles de estrés y ansiedad, repercutiendo en un mejor estado de bienestar.

  La lectura. Es la actividad que nos acerca al mundo, a la cultura, la información, al tiempo que nos permite adquirir nuevos conocimientos y desarrollar nuestra creatividad.

Leerles cuentos desde muy pequeñitos y acompañarlos, después, cuando comienzan a leer comporta importantes beneficios. Los niños que leen tienen mayor imaginación, una mejor autoestima, se relacionan mejor con otros niños e incluso obtienen mejores resultados escolares.

  La música. Esta aporta enormes beneficios al bebé ya desde el útero materno. No solo les tranquiliza, sino que también les estimula ya que está demostrado que ayuda al cerebro a establecer conexiones neuronales.

Puedes ponerle música o cantarle canciones que después él irá aprendiendo. Además, si lo que quieres es mejorar su equilibrio y ritmo, nada mejor que el baile. Baila mucho con tu bebé, además de estrechar el vínculo afectivo, pasaréis un tiempo juntos muy divertido.

 

Es muy importante respectar el desarrollo de cada niño evitando siempre las comparaciones con los demás. Cada niño tiene un ritmo diferente de aprendizaje y el objetivo de la estimulación temprana no es forzar su desarrollo, sino motivarle y acompañarle para fortalecer su autoestima, iniciativa y aprendizaje.

Joana Casas

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