La transición de Primaria a Secundaria

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En apenas cuatro meses se celebrará el acto de graduación del alumnado de primaria, lo que supone que una parte de nuestro alumnado cambiará de etapa, pasando de primaria a secundaria. Una nueva etapa educativa llena de retos para quien, además, comienza la adolescencia pero un importante reto, también, para sus familias.

Se trata de un proceso común que vive todo el alumnado y sus familias en el que, desde el Colegio San Cristóbal, os prestamos nuestro apoyo. Aunque aún queda algún tiempo y estamos hablando del próximo curso escolar, abordamos en este artículo esta transición que implica “trabajar” antes (en realidad durante los dos últimos cursos de Primaria) y, por supuesto, durante para que se desarrolle con éxito.

 

Cambios importantes

Se trata de un momento de importantes cambios desde diferentes perspectivas.

Por un lado, desde el punto de vista social ocupan una nueva posición social, es decir, hay una nueva distribución de roles, una modificación en las funciones y responsabilidades tanto en lo académico como en su entorno social y familiar.

  • Dejan de ser los “mayores” de primaria a ser los “pequeños” de secundaria. Al mismo tiempo que, en los centros en los que ambas etapas conviven, pasan al grupo de los “mayores”.
     
  • El profesorado cambia para cada materia o asignatura.
     
  • Los contenidos se amplían en cantidad y complejidad.
     
  • Reciben mayores exigencias en cuanto a la responsabilidad y autonomía que se les solicita los ámbitos académico y familiar.
     
  • El grupo de amistades cobra una mayor relevancia suponiendo una mayor influencia reduciendo la que, hasta este momento, tenía la familia.
     
  • Cambio en la percepción de la familia. Empiezan a ser consideradas personas mayores, anticuadas, que no están al día…

Por otro lado, tanto desde el punto de vista psicológico como desde el físico se producen importantes cambios propios de la pre-adolescencia. El salto que se produce a partir de los 11 o 12 años es fundamental en cuanto a desarrollo cognitivo: mayor comprensión de su entorno, razonamiento tanto inductivo como deductivo, adquisición del “pensamiento abstracto” (se adquieren y comprenden conceptos abstractos superando el entendimiento, casi exclusivo, de aquellos que hacen referencia a aspectos reales y visibles).

Sin duda, el cambio de etapa junto a la entrada en la adolescencia implica, en las familias, nuevos requerimientos: su cambio de opinión, o convencerles de alguna decisión necesita, ahora, razones convincentes, realistas… pues su pensamiento se está haciendo más crítico. Las familias tienen que proporcionar explicaciones que hasta este momento no eran necesarias. Y no se trata de que quieran “llevarnos la contraria” sino que, psicológicamente necesitan esa justificación, necesitan comprender la decisión.

 

Cómo actuamos

Tanto desde el centro escolar como desde la familia debemos favorecer que este gran cambio se desarrolle de forma positiva. Se trata de un momento que supone, probablemente, el primer gran reto de su experiencia vital, en el que tendrán que adoptar conductas que den respuesta a la nueva situación. A nivel familiar hemos de tener presentes (y prestar atención) a sus emociones, sentimientos, autoestima, autonomía… En definitiva, a todo su desarrollo e inteligencia emocional así como cognitivo.

Por ello, desde la familia, podemos:

  • Ayudarles a que gestionen su tiempo de forma autónoma. La realización de horarios y su ubicación en lugar visible, por ejemplo, ayudará a establecer nuevas rutinas y pautas que les ayuden a controlar su tiempo y cómo lo distribuyen. Deberemos, poco a poco, ir incrementando su autonomía en esa gestión.
  • Contribuir a que tomen decisiones basadas en la reflexión y el razonamiento. Cuando les justificamos adecuadamente nuestras decisiones, les estamos enseñando a argumentar sus propias decisiones.
  • Mantener la implicación en sus estudios, en sus tareas, en las actividades escolares que realizan. Huyamos de creer que ya no nos necesitan.
  • Reducir el control directo sin dejar de observar su comportamiento, su alimentación, sus hábitos de sueño, su humor…

 

En nuestro centro, trabajando en ambas etapas, podemos mantener la continuidad de su proceso educativo o intercambiar información entre las y los maestros de primaria y el profesorado de secundaria. Información curricular y personal relativa, no solo al estilo de aprendizaje del alumno o las metodologías y técnicas de trabajo en el aula, sino también a las características psicosociales que afectan a su desarrollo académico y, por supuesto, social.

Recordad que desde el departamento de orientación y el plan de acción tutorial tratamos de favorecer esta transición, pero el papel de la familia es fundamental para asegurar el éxito.

 

Yolanda Lorenzo

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