Los complejos en la adolescencia ¿cómo ayudarles a superarlos?

Los adolescentes son muy sensibles a las exigencias familiares y sociales, buscando constantemente la aprobación de los demás

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Raro es encontrarnos con una persona que no tenga ningún tipo de complejo. Todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos sentido acomplejados por algún motivo y este ha influido de alguna forma en nuestro carácter o comportamiento.

En el caso de los niños y niñas, sentirse diferente al resto se puede hacer muy difícil. Los apodos o las burlas por parte de compañeros de clase pueden llegar a hacerles mucho daño, creando en los más pequeños un sentimiento de inseguridad y haciéndoles sentir inferiores a los demás.

Es a partir de los 6 años de edad aproximadamente cuando el niño o la niña comienza a tomar conciencia realmente de quién es o de cómo es. Ya en la pubertad, el cuerpo experimenta cambios físicos importantes que pueden condicionar la vida de los adolescentes.

Aumento de peso, ser demasiado alto o demasiado bajito, tener la nariz o las orejas grandes, padecer acné, son algunos de esos complejos físicos comunes en la adolescencia. Nuestros hijos dejan atrás la infancia para pasar a ser personas adultas, un enorme cambio que, como cualquier otro en nuestra vida, precisa de un período de adaptación y maduración.

A estas edades, los adolescentes son muy sensibles a las exigencias familiares y sociales, buscan constantemente la aprobación de los demás, sentirse integrados entre sus compañeros o que simplemente estos no los vean como ‘raros’. Además, a esto se suma, el mensaje de los medios de comunicación y, ahora también, la irrupción de las redes sociales, donde parece ser que todos han de ser guapos, esbeltos, deportistas y vestir ropa de marca.

 

¿Qué podemos hacer los padres para ayudarles?


1. Lo primero que debemos hacer es tomar conciencia de que nuestros hijos están pasando por una etapa difícil de su desarrollo y si sospechamos que pueden tener algún tipo de complejo, debemos escucharlos. Es fundamental que se sientan arropados y comprendidos por el entorno familiar y por las personas que más les quieren.
 

2. Potencia sus virtudes. Todos tenemos puntos fuertes que hay que valorar. Ayúdale a encontrarlos, hazle sentir orgulloso, que aprenda a focalizar hacia lo positivo y valorar todas las cosas buenas que tiene.
 

3. Ayúdale a asumir la frustración. Es importante que aprendan que en la vida no todo será cómo ellos quieren que sea. Una buena tolerancia a la frustración les ayudará a convertirse en adultos más seguros en el futuro.
 

4. Trabaja su autoestima. Desde pequeños, hay que educarles en la seguridad, dándoles autonomía y enseñándoles a que hagan las cosas por ellos mismos.
 

5. Edúcale en el respeto y la tolerancia hacia los demás. Deben saber que han de respetar para ser respetados y que todas personas somos únicas y especiales, por el motivo que sea.
 

6. Sé flexible en la elección de sus hábitos. Aunque no te guste, déjale elegir su forma de vestir, respecta sus gustos musicales o artísticos. Aunque no lo creas, la ropa les hace sentirse protegidos, integrados en un grupo y les da ese sentimiento de pertenencia que muchas veces necesitan para superar sus complejos.
 

7. Evita las comparaciones. Como hemos dicho anteriormente, cada persona somos única y evitar compararnos con los demás nos permitirá aceptarnos y mantener un concepto positivo sobre nosotros mismos. Puede que tu hijo no sea bueno jugando al fútbol, pero en cambio sea el número uno tocando el piano. Todos tenemos una habilidad especial para algo, solo hay que ayudarles a encontrarla y potenciarla. 

 

Joana Casas

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