Un alumno de Bachillerato Internacional eleva un globo aerostático 2 kilómetros para analizar las variables meteorológicas

Tomás Gimeno fabricó el aparato y logró estudiar la presión, la temperatura o el dióxido de carbono

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Un alumno de 2º de Bachillerato Internacional, Tomás Gimeno, ha logrado elevar un globo aerostático fabricado por él mismo hasta una altura de 2 kilómetros para analizar variables meteorológicas como la temperatura, la presión o el dióxido de carbono. El experimento forma parte de un trabajo de investigación realizado en el marco de la asignatura de Física. 

Gimeno se desplazó semanas atrás a un solar de Benicàssim para efectuar el experimento acompañado de familiares, amigos y de su profesor de Física, Héctor Caraballo. Previamente, tramitó el preceptivo permiso ante AENA dado que el globo aerostático atravesaba el espacio aéreo. Desde la empresa pública que gestiona los aeropuertos en España le indicaron una franja horaria concreta en la que ningún avión sobrevolaba Benicàssim para que efectuara el experimento con total seguridad.

Nuestro alumno empezó a gestar el proyecto el curso pasado. "Calculé cuántos kilómetros de hilo necesitaba para subir el globo y lo fabriqué en verano", recuerda. Previamente, compró el globo de látex a través de una página web del Reino Unido, así como un paracaídas, el hilo de nylon y una caja de corcho. Los medidores de presión y temperatura los cogió prestados del Colegio. "Sincronicé mi teléfono móvil con otro más antiguo por si uno de ellos fallaba durante la prueba e instalé una aplicación de GPS para marcar la altura exacta. De esa forma, cada 30 segundos tenía un pantallazo de la altura a la que se encontraba el globo", detalla.

El globo aerostático, de 3 metros cúbicos de volumen, estaba preparado para alcanzar una altura máxima de 5 kilómetros "pero ese día había viento y, como ví que subía demasiado rápido, no quise jugármela y que se rompiera el hilo", recuerda ahora. A medida que ascendía, Tomás Gimeno medía cómo cambiaban las variables meteorológicas. Cada 50 metros de altura, el hilo de nylon llevaba adosado un señuelo rojo para alertar a posibles avionetas que se hubieran podido desviar de su ruta. "Me decanté por lanzar el globo unido al hilo de nylon, realizar las mediciones y recogerlo luego pero tenía el problema de que no he encontrado por internet a nadie que haya realizado el experimento de esta forma ya que, en EEUU, este tipo de globos se lanzan y, cuando explotan, se recogen los restos en el punto que marca el GPS instalado previamente", compara.

La prueba salió a la perfección. "La ecuación teórica dice que la temperatura disminuye 6,5 grados por cada kilómetro que ascendemos pero no es un dato exacto porque varía en función del lugar", expone Gimeno. "Sí he medido el dióxido de carbono y se ha mantenido constante a medida que ascendía el globo", añade. El alumno ya ha plasmado estas conclusiones en su proyecto de investigación de la asignatura de Física, que será evaluado por correctores externos al Colegio. 

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