Cómo comprender el cerebro en la adolescencia

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Hace relativamente poco tiempo que la ciencia dedica parte de sus investigaciones a entender la evolución del cerebro en la adolescencia y cómo esta evolución influye en el comportamiento de los jóvenes.

La adolescencia es una de las etapas más complicadas en la vida de una persona. A menudo, los padres no logramos entender por qué nuestros hijos se comportan de esa manera tan soberbia, impulsiva e inmadura y, quizás, nos ayudaría a entenderlo si supiéramos más sobre el funcionamiento cerebral.

El comportamiento de nuestros hijos durante la adolescencia tiene una explicación biológica, y es que hay numerosos estudios que han demostrado que el cerebro continúa madurando y desarrollándose hasta principios de la edad adulta.

De la misma forma que con la adolescencia se producen importantes cambios físicos u hormonales, durante esta etapa, el cerebro adolescente también se somete a importantes cambios que determinarán su futura vida adulta.

Conocer mejor cómo funciona el cerebro de nuestro hijo no hará que esos comportamientos impulsivos desaparezcan, pero sí nos ayudará a entender mejor sus conductas, propiciadas por los cambios que se están produciendo en el interior de su cerebro.
 

La maduración del cerebro

En primer lugar, es importante entender que la maduración del cerebro no se produce toda a la vez, sino que esta va desde las regiones posteriores hacia las anteriores, y desde las regiones inferiores hacia las superiores. Es decir, las regiones occipitales madurarán antes que la corteza prefrontal.

Esto es muy interesante ya que la corteza prefrontal es aquella área del cerebro involucrada en funciones como la toma de decisiones, la planificación, la inhibición del comportamiento inapropiado. Una de las regiones del cerebro que cambia más drásticamente en la adolescencia es la corteza prefrontal y, según los estudios más recientes, la maduración de esta región del cerebro y por tanto de sus funciones no se produce hasta los 21-25 años de edad, lo que puede ayudarnos a entender muchos de los comportamientos de los adolescentes, especialmente a la hora de tomar decisiones.

Como ya hemos dicho, otro eje de la maduración del cerebro se produce de abajo hacia arriba, es decir, maduran antes las regiones subcorticales que las corticales y la importancia de esto radica en que, en esas regiones subcorticales, la amígdala o el hipotálamo, son claves en la regulación de las emociones y las conductas.

En este sentido, el comportamiento durante la adolescencia es tan impulsivo debido a la gran descoordinación que existe entre la zona emocional del cerebro (amígdalas cerebrales) y la zona pensante y ejecutiva (corteza prefrontal).

La corteza prefrontal del adolescente tiene una necesidad extrema de dopamina, de ahí que busquen emociones intensas. Por ello, lo que los adultos podemos calificar como ‘irresponsable o inmaduro’, no es más que un proceso biológico: su corteza cerebral, encargada de asumir el control, la tranquilidad o el equilibrio de la persona, no ha madurado lo suficiente para ello.
 

La educación, clave durante la adolescencia

El cerebro sigue cambiando durante toda la vida, gracias a la neuroplasticidad y en función de las experiencias que vive cada persona. A pesar de los cambios a nivel cerebral del adolescente, no todo depende de ello. La educación durante la adolescencia es tan importante como durante la infancia. El adolescente es muy sensible al ambiente que le rodea y este tiene un papel fundamental en el desarrollo de su cerebro.

La educación, la vida social, sus relaciones familiares tendrán un papel decisivo durante esta etapa y en su vida futura.

Durante la adolescencia, los jóvenes tratan de encontrar su propia individualidad, estilo y pertenencia a un grupo social, en definitiva, buscan su propia identidad.

En este sentido, es importante afrontar la adolescencia de nuestros hijos y controlar su conducta para tratar de reorientar aquellos comportamientos que puedan resultar problemáticos. Ayudarles y acompañarlos en este proceso es fundamental, eso sí, debemos de tratar de evitar la sobreprotección en la medida de lo posible y fomentar la comunicación con ellos y, por supuesto, pedir ayuda si lo consideramos necesario.

 

Joana Casas

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