¿Cómo afronto las rabietas de mi hijo?

Mantener la calma, mostrar empatía y ser firmes son estrategias para abordarlas.

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Son las 8:15 horas de la mañana, tienes que llevar a tu hijo de 3 años al colegio y a las 9:00 tienes que estar puntual en el trabajo. De repente, todo se desencadena:

-  Cariño, vamos rápido a ponerte el chándal que llegamos tarde.

-   No quiero ponerme el chándal.

-   Sí, tienes que ponértelo porque si no te lo pones, no podrás hacer Educación Física en el cole.

-   No, no voy a ponérmelo.

El niño no atiende a razones, comienza a llorar. Tú miras el reloj, te empiezas a poner nerviosa porque vais a llegar tarde y acabas gritándole, con lo que la situación empeora todavía más.

Las rabietas son la forma que tienen los niños de expresar su enfado o su rabia cuando no han conseguido lo que querían o las cosas no han salido como él deseaba.

Estos episodios suelen darse entre los 2 y los 5 años, aunque esto va a depender de cada uno. Todos tenemos rabietas, tanto los niños como los adultos, la única diferencia es que conforme vamos haciéndonos mayores, vamos aprendiendo a canalizar esa rabia y a entender que las cosas no siempre son como esperamos.

La etapa de los 0 a los 5 años es una de las más importantes ya que lo que suceda durante este tiempo marcará la evolución del niño durante su vida. Si aprende que no todo se puede conseguir cuando se desea y que las cosas requieren un esfuerzo; cuando sea mayor, será capaz de asimilar mejor sus frustraciones y afrontar las situaciones difíciles que se le presenten en la vida.

Hoy en día, hay mayor información sobre cómo educar a los hijos o cómo actuar en determinados momentos de su desarrollo. Sin embargo, también es cierto que, quizás, al estrés laboral, los extensos horarios o el ritmo de vida que llevamos, nos impide pasar más tiempo con los hijos y esto, muchas veces, se traduce en culpabilidad y, por tanto, en un “excesivo” mimo o tolerancia hacia los más pequeños.

“Para un ratito que puedo pasar con él, ¿por qué no le voy a dar lo que me pide?”. Una actitud de consentimiento permanente solo conduce a que el niño vaya incrementando su nivel de exigencia. El niño debe aprender a manejar su enfado y a ser tolerante y no les estaremos haciendo ningún favor consintiéndoselo todo.
 

Cómo afrontamos las rabietas

Ante una rabieta de nuestros hijos debemos evitar prestar atención a la rabieta en sí, pero no a los pequeños. Los niños no se oponen a los adultos para llevarnos la contraria o hacernos la vida imposible, simplemente expresan sus necesidades, sus sentimientos y lo hacen a través de estas explosiones de enfado.

Por ello, cuando te encuentres en una situación como esta:

  • Mantén la calma o al menos no dejes que el niño note que os altera.
  • Ponte en el lugar de tu hijo e intenta saber por qué se siente así. Ignorar por qué llora le producirá una sensación de frustración e incomprensión.
  • Permanece a su lado e intenta mostrarte cercano. Si no quiere contacto físico, no le presiones. Simplemente dile algo como “así no puedo ayudarte” o “seguro que si me cuentas lo que te pasa, podemos arreglarlo”.
  • No cedas a sus requerimientos. Si lo haces, el niño entenderá que llorando conseguirá lo que quiere.
  • Evita situaciones en las que hayas comprobado que las rabietas se producen con mayor frecuencia y busca conductas positivas que sean incompatibles con el llanto.
  • No vivas con miedo estas situaciones y piensa que esta etapa pasará y llegará un día en el que tu hijo pida lo que quiere sin enfadarse ni llevar la contraria a nadie.

Joanna Casas

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