Consejos para que la llegada de un hijo no se lleve por delante a la pareja

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“Dejamos de ser una pareja un instante después de habernos convertido en una familia”. La frase, lapidaria y cargada de verdad, es del escritor Antonio Scurati, que en la novela 'El padre infiel' (Libros del Asteroide) narra la decadencia de una pareja en apariencia feliz tras la llegada a sus vidas de un hijo y de la responsabilidad, los miedos y los anhelos que esto conlleva. No es el único libro reciente que afronta sin ambages este tema hasta hace no tanto tabú. Ahí están, entre muchos otros, Marta Carnicero y su 'El cielo según Google' (Acantilado), Isaac Rosa y su 'Feliz Final' (Seix Barral) o Pedro Mairal y su novela 'La Uruguaya' (Libros del Asteroide).

Todas ellas reflejan una realidad incontestable: el tránsito de la pareja a la familia no es fácil. La prueba son tantas y tantas parejas que quedan marcadas, cuando no sepultadas bajo escombros, por el camino. El contexto socioeconómico, los nuevos roles paternos y maternos, el agotamiento, la pérdida de independencia, la necesidad de una nueva gestión de tiempos y la idealización que muchas veces acompaña a la experiencia son algunas de las razones que se esconden detrás de estas malas experiencias.

Al final un niño requiere mucho tiempo de atención durante los primeros años de su vida. Y cuando los padres necesitamos tiempo, por tanto, no dudamos en recortar del que debería corresponder a la pareja, una decisión que los expertos en psicología de pareja señalan como errónea porque marca el devenir futuro de la relación: cuando los niños crecen, nos demandan menos y empezamos a tener más tiempo, la pareja se ha distanciado tanto que resulta mucho más difícil encontrar una solución a ese alejamiento cocinado a fuego lento durante años de crianza.

 

Seis tips para mantener con vida la pareja


Partiendo de la base obvia que tenemos que aceptar de que no vamos a poder seguir con el ritmo de vida de pareja previo a la maternidad/paternidad, los expertos suelen recomendar una serie de consejos para mantener con vida la relación de pareja tras la llegada de un hijo:
 

  1. El cuidado del niño va a ser nuestra prioridad número uno, como no podía ser de otra forma, pero el cuidado de la pareja no debe andarle a la zaga y debe estar justo detrás. En una experiencia tan agotadora como ésta, sobre todo durante los primeros años de crianza, tenemos que ver a la pareja como un pilar, como un sostén a todos los niveles que, por lo tanto, debe ser cuidado.

     
  2. Tenemos que evitar que nos coma la rutina: de ahí la importancia de sonreírnos, de los besos, de las caricias, de los gestos de afecto y cariño que se producen espontáneamente a lo largo del día.

     
  3. Priorizar y agendar momentos como pareja: evidentemente esto va a depender mucho de la edad del hijo, pero en todo caso vamos a poder encontrar espacio para las citas de pareja, ya sea para ir al cine, para ir a comer, para visitar una exposición, para hacer una escapada de fin de semana o, simplemente, para cenar solos y ver una película en el sofá mientras los niños duermen.

     
  4. Es fundamental ser comunicativo, trasladar a la pareja nuestras necesidades, nuestros dolores de cabeza, nuestras angustias, nuestros miedos. No hay mejor forma de evitar silencios incómodos, y malentendidos, que dialogar y negociar para buscar soluciones conjuntas a los problemas que puedan surgir en el día a día.

     
  5. La vida sexual se va a ver afectada con la llegada de un hijo, como toda la vida en general, entre otras cosas porque el agotamiento y el estrés que puede provocar la crianza inhibe en parte el deseo sexual; eso, no obstante, no es óbice para buscar momentos y generar las condiciones adecuadas para que poco a poco la relación recupere la naturalidad.

     
  6. Hacer equipo: cuando a nuestra vida llega un hijo es muy importante la empatía, saber ponerse en el lugar del otro, no querer imponer siempre nuestras prioridades. No hay nada mejor para afrontar la maternidad/paternidad que hacer equipo entre los miembros de la pareja, ayudarnos, remar en la misma dirección. Uno afronta mejor el día a día cuando el trabajo es compartido, cuando siente que tiene a su lado a una persona que arrima el hombro y que no le va a dejar caer.

 

 

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