Cómo tratar los terrores nocturnos en la infancia

Se trata de uno de los trastornos del sueño más frecuentes en la infancia

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El sueño infantil es un tema que levanta gran preocupación en muchos padres. Al principio, cuando son bebés, los despertares continuos y la falta de sueño supone, en muchas ocasiones, una inquietud para las familias; pero a medida que nuestros hijos van creciendo, pueden aparecer otros trastornos relacionados con el sueño como las pesadillas o los llamados terrores nocturnos.

En este post nos centraremos en los terrores nocturnos, uno de los trastornos del sueño más frecuentes en la infancia. Se tratan de una alteración del sueño que se caracteriza por un despertar brusco y que suelen aparecer durante la fase profunda del sueño, es decir, durante el primer tercio de la noche y que, aunque pueden aparecer a cualquier edad, estos son más habituales en la infancia, entre los tres y los doce años.

El niño se muestra despierto y dormido al mismo tiempo, se muestra agitado, sudoroso y con el pulso y la respiración acelerada, llegando a llorar y gritar en algunos casos. Estos episodios, que suelen durar solamente unos minutos, acaban de forma brusca de la misma forma que han empezado: el niño vuelve a dormirse como si nada hubiera pasado.

Aunque es un tipo de trastorno del sueño que no es muy frecuente, suele darse durante la infancia ya que el sistema nervioso central de los niños todavía está madurando. Pero, tranquilos, no es nada grave ni mucho menos, los niños no sufren para nada. De hecho, al día siguiente ni siquiera lo recuerdan y, generalmente, llegando a la adolescencia, desaparecen.

No obstante, aunque seamos conscientes de que esto no tiene ningún efecto negativo en nuestros pequeños, es totalmente normal que los padres nos mostremos preocupados ante episodios como estos. Pero ¿qué podemos hacer nosotros ante estos terrores nocturnos?


1. Es muy importante mantener una buena higiene del sueño. En este sentido, las rutinas y los horarios son muy importantes para prevenir. Debemos asegurarnos de que nuestro hijo está durmiendo las horas necesarias y que lo está haciendo correctamente, es decir, que está descansando mientras duerme.
 

2. No intentes despertarlo. Si los despertamos en ese momento, provocaremos en ellos un mayor desconcierto y confusión.


3. Acércate a él con suavidad y no intentes hablar con él. Ten en cuenta que está dormido y no podrán razonar. Solamente, mantente a su lado para evitar que se haga daño.


4. Intenta calmarlo y tranquilizarlo, simplemente abrazándole o acariciándole.


5. Cuando todo haya pasado, acuéstale de nuevo, dale un beso y a seguir durmiendo.

 

Es importante tener en cuenta que no hay ningún tratamiento farmacológico para los terrores nocturnos. El único tratamiento es tener paciencia, comprensión y darles mucho amor.

Los terrores nocturnos no tienen ningún efecto físico ni psicológico para nuestros hijos y pasarán, con el tiempo, pasarán. Pero, si estos se producen con mucha frecuencia o intensidad, es conveniente consultarlo con el pediatra para que nos indique la forma de actuar.
 

¿Cómo diferenciamos los terrores nocturnos de una pesadilla?


Los terrores nocturnos son menos frecuentes que las pesadillas y al contrario de lo que sucede con estas, los terrores no están provocados por sueños que producen miedo.

Además, son mucho más fuertes que una pesadilla y el niño no llega a despertarse, volviéndose a dormir sin ser consciente de lo que ha pasado.

Por último, el mecanismo fisiológico que los produce es diferente al de las pesadillas, ya que en este caso, como hemos comentado anteriormente, está asociado a la falta de madurez del sistema nervioso en la infancia.

 

Joana Casas

 

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